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El primer nacimiento de La Mujer de la Esclavina

Cuando se conoce la historia paralela a una producción o gestión, es posible establecer de base la motivación humana sobre los actos, las cuales en su mayoría tienen asideros emocionales.

mujer01 Ha pasado tiempo desde que el film La Mujer de la Esclavina ganó Mención Especial en la competencia Cine Chileno del SANFIC (30 Agosto 2015).  Sin embargo, es necesario realizar un reconocimiento a su trayectoria, ya que antes de su finalización, ganó doble reconocimiento en el concurso Work in progress, del FICVIÑA 2013, lo cual entonces incluyó participaciones en otros concursos, así como la post producción de audio para la película.

Su director, Alfonso Gazitúa, docente de la carrera de Comunicación Audiovisual de la sede Viña del Mar, nos entrega su reflexión sobre el proceso que contrajo la producción, una historia que adquiere sus argumentos desde las vivencias reales que desde el trasluz del quehacer de las personas, nutren y resuelven la evolución, la persistencia y el amor al cine.

 

Todo parte con una sensación, con una inquietud, un miedo; el de perder un hijo.

Leo la noticia de una madre adolescente que sale en la noche y deja a su hija, de pocos meses, durmiendo cerca de una estufa a parafina.   Al volver se encuentra con su casa media quemada y su hija, muerta.   Lo relaciono con mis hijos y empatizo. De ahí nace la idea, es el punto de partida.

Luego, quiero contextualizarla en algo chileno y mi mirada se centra en las fiestas religiosas, en este caso en la corrida de Cuasimodo.

En esta fiesta se da algo que necesitaba: lo políticamente correcto que nos comportamos en estos eventos. Entonces, nacen preguntas en mí como: ¿que pasaría si muere alguien en plena celebración? ¿Si no nos comportamos como debiera ser? ¿Si sacamos lo peor de nosotros en el momento no adecuado?

Ya hay una idea, luego un guión (que se demora 4 años) y luego una planificación del rodaje, y los costos que van detrás.

Postulo a fondos chilenos y quedamos seleccionados, pero en la nómina final, no ganamos.  Ahí es dónde entra la frustración y la inseguridad, tanto en el proyecto como en uno mismo. Y por otro lado, días después, más sereno, aflora el temple, la convicción, la pasión de contar una buena historia.

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Se filma la película con fondos acotados, propios y de otros, se arma un equipo reducido, de profesores, alumnos y ex alumnos de Duoc.  Se hace la magia, que no es fácil.  Se convierte en materia, se consiguen los fondos para terminarla, se ganan y pierden “Work in progress” para finalizar el sueño.  Todo es un trabajo o proyecto no terminado.

Por último, se gana el fondo audiovisual al correrse la lista de espera de otro año, y ahí por fin, se termina.

 

Hoy es una realidad. Se mira para atrás y existe el logro, difícil, quijotesco, sin saber dónde y cómo va a terminar, la distribución en los cines, si va a entrar dinero, pero se cumple el objetivo: contar una buena historia que nace de una inquietud, una molestia, algo interno, que te mueve, que hace que vivas.”

 

Alfonso Gazitúa.

Docente Comunicación Audiovisual.

DuocUC sede Viña del Mar.

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